A un hombre cansado

No importa, vos dale.
¿Quién te puede negociar la libertad?
Procurá siempre la libertad. Al contar tus monedas, no te olvides que ahí está tu tiempo, pero que también se esconde en las tazas de café, en las trasnoches, en los amigos que te conocen.
No importa que la plata no alcance, porque cuando sea el bronce lo que cuente quién te quita lo bronceado. No te olvides que tu tiempo se esconde en tu piel al sol.
No te canses. No te canses.
Quejate, pataleá, puteá. Dibujá en el cielo una nube de puteadas, hacé que lluevan soretes de punta, pero no te canses.
Nunca te canses.
Descansá, sí, comé bien, pero no te canses.
¿Qué nos queda a tus pares si nos empezamos a cansar?
La libertad de uno es un poco la libertad de todos.
Entonces, por amor, no te canses.

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