Campos del Web

Un blog de viaje y experimentos literarios.

Alimentar la memoria

A la memoria la alimento con olvidos. ¿Dónde queda el lugar del sánguche riquísimo de jamón crudo? Pausa y paf, el recuerdo llega como un bólido, se prende fuego y cuando llega a nuestra boca no era tan interesante. Se prenden fuego los recuerdos y lo lindo, lo hermosamente eléctrico, es su paso por mi cerebro.

Hay una felicidad en recordar. No hablo de volver a pasar por el corazón. Hablo, escribo, sobre recordar como máquina de volver a vivir. ¿Te acordás del nombre de la chacra en El Hoyo? Y así, se despierta algo nuevo, lo que se recuerda se mezcla y aparece un sentido, un sentimiento. Se mezclan los castores de Ushuaia con las cotorras de Las Grutas. Se mezclan los camiones esporádicos de la ruta 3 con el tránsito de Mendoza. Se une todo, tan lógicamente, que no hay forma de entenderlo bien. Es la conciencia mía, narrada para mí, no son fragmentos, es un hilo que se toca a sí mismo, se mueve a sí mismo. Sin lo anterior no estaría lo que sigue, pero tampoco lo estaría sin el recuerdo de lo anterior.

Un camino desdibujado queda en mi geografía. No por vago, simplemente no me acuerdo. Sí me acuerdo de las nueces al sol coloreando mis dedos. ¿Cómo se llamaba ese camping con tan buen wifi? ¿Dónde fue que vi una serie con la conexión del celular? O el Lago Roca, inmenso con yoga en sus orillas. Pero ¿era el Lago Roca al lado del glaciar Perito Moreno? Y el glaciar Huemul, que nos cobraron cincuenta pesos, y el de Ushuaia que tenía un nombre que se me escapa. No recuerdo ahora, pero sí me acuerdo de que tenía nieve como un suspiro y de la pareja que nos miraba con cara de que le arruinábamos las fotos. Y no es que Google no ayude, es que quizás así es la memoria, con baches. Si ayuda, con sus muletas, solo nos muestra que hay un olvido donde podría haber una certeza, la de que hubo un nombre que no importó tanto como los patos sobre esa laguna color esmeralda. ¿Era la laguna encantada la de color esmeralda?

El planetario de Malargüe tenía peces koi de color naranja y relojes solares en un día hermoso, pero sus nombres se me van. Podría googlearlo ahora, pero me quedo con el pequeño vértigo de no saber, de perder la posibilidad de dar un dato hermoso de antemano en alguna charla futura. Lo tengo anotado por ahí, pero no voy a levantar el celular para leerlo. Prefiero distraerme en las redes propias, las del olvido. Los agujeros en el recuerdo permiten que otras memorias se cuelen, se metan. Como que pensar en los bosques muertos de Villa Epecuén me trae a la mente los árboles de nogales de Los Alerces, o cómo el amanecer casi rosa en reflejado en las montañas mendocinas me trae a la cabeza unas voces lejanas de peleas de las que solo recuerdo que eran voces de pelea.

Todo recuerdo es entonces un presente donde se monta otro recuerdo. ¿Quem Quem era el camping de El Bolsón? ¿Cómo se llamaba la fruta esa que tenían en Millalén?

2 Comentarios

  1. Javier! Qué bueno verte embarcado en este viaje! Voy a seguir el blog. Un abrazo.

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