Días 3 – 7

Se acabaron los días de las familias, de las recibidas en casas con comidas en heladeras.

Se acabaron los «buenos días» con mate ya preparado.

Se acabaron los días de ser parte de un grupo más grande.

Ahora sí, largamos en serio.

Desde que arrancamos pasamos por Chascomús en lo de Pablo y Rosario, por Mar del Plata por lo de Mariana y Rodrigo, por Olavarría en lo de Sofía y Helena y por Azul en lo de Delfina, Raquel y Jorge. Ahora nos queda un gran tramo del camino solos, con la chata como casa. Ya la probamos, ojo, y es mucho más cómoda de lo que uno podría esperar… eso fue un alivio.

La primera noche en la chata tuvo un poco de emoción y un poco de claustrofobia. Emoción porque probábamos algo que será nuestra casa por unos meses y claustrofobia porque es un lugar chico con el techo a 50 centímetros de nuestra cara. Pero ser duerme bien, lo cual hace que el claustro sea casa.

En esta primera semana de viaje hubo muchas caras conocidas, un prolongar la despedida. Nadie nos cerró la puerta y a nadie le pareció molestar esa mirada con horizonte que nos tira para seguir arriba de una chata.

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