Miralo, lindo,
al capo del quincho.
Miralo,
pavonear su cola de caballo
llena de canas
y su panza de vino.

Miralo, en Rada Tilly,
controlando que nadie se pase,
mientras merienda Termidor.
“Dejame todo ordenado
que estuve barriendo.”
“Guarda que el nene duerme,
no golpees la puerta.”
Que capo,
el capo del quincho.
¿Cuántos universos
entran en esa panza?
¿Cuántas historias
en esas pulseras de macramé
que hace cada tarde?
Ahí va, con porte
por delante y por detrás.
Los trazos de la noche en su voz
y un descuido como hija.
¿Cuántas ordenes entran
antes de echarte del quincho?
Miralo, al capo del quincho,
de prestado en un camping,
montando el viento
en cada ráfaga,
como si ser un capo
no bastara.