El Fin de la 3

La ruta 3, nacional, enorme, gigante, termina en un estacionamiento. Desde que salimos la recorrimos entera y su final, su punto último es un lugar para parar. No se convierte en una avenida ni se perfila como un camino que se desdibuja. La ruta 3 se convierte en un estacionamiento.
Manejamos más de cinco mil kilómetros y esa ruta llega al tres mil ochenta. Y pasamos por llanuras y sierras y por bosques extraños y por un desierto raro, con vegetación que te mira como diciendo «no es tan desierto» y ahí te aparece el nombre: estepa. Manejamos por la paciencia nuestra y dormimos en las noches. Y el sol salió y se puso y nosotros seguimos manejando. Una ruta mano y contramano. Una ruta con camiones y gente que la hace tantas veces por día que la gasta. Y todo eso, toda esa inmensidad, todo ese miedo y esa alegría, toda esa cotidianeidad termina en un estacionamiento. Pero quiero aclarar algo, termina, esa ruta, en el mejor estacionamiento del mundo.
La montañas están de fondo cuando aparece el cartel de los 3080 kilómetros. Las montañas y el bosque de lengas. Las montañas, el bosque de lengas y los zorros. Las montañas, el bosque de lengas, los zorros y los lagos. Las montañas, toda Ushuaia, el bosque de lengas, todo el frío, los zorros, los lagos y el horizonte.
Mentí y me corrijo. La ruta 3 termina en el Parque Nacional Tierra del Fuego. Termina en el final de ella misma. Con cierta dignidad te deja estacionar en su final y el resto, al sur, lo tenés que hacer caminando.
Algo se nos aflojó. Un beso y un abrazo porque ahora nos queda ir para el norte.

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