Campos del Web

Un blog de viaje y experimentos literarios.

Havito.

En Perito Moreno (el pueblo, no el glaciar), paramos en un camping. Cerrando la temporada, bajando el frío, el refugio natural de dos personas fue el salón. Comida caliente y charlar mientras la preparamos. De fondo otras dos personas ajenas pero que, como siempre en los campings, charlan de fondo. Las conversaciones se entremezclan y terminamos reconociendo la presencia de los otros. Cuatro humanos en un salón lo suficientemente grande como para que no lo calienten dos estufas en verano. En la primera cena marcamos los territorios, los “buenas noches” y los “qué frío”. Marcamos la convivencia, aunque fuese efímera.
La mañana siguiente reclamó desayuno. Con sol en los ventanales pudimos ver que lo que a la noche eran dos tipos, a la mañana eran un sesentón peinado con jopo y con una guitarra y un chabón de unos 25 años que tomaba café con bombilla de un taper. El sesentón contó de su pasado blusero en Mar del Plata y sus dos familias. Y después se fue, justo cuando Melisa llegaba.

El del tupper nos charla. De dónde somos, a dónde vamos, que él era tucumano pero estaba en la Patagonia para hacer guita, que si no hubiese sido tan vago ahora sabría un poco más. Nos cuenta que estaba en la iglesia de la zona, tan solo que estaba pensando en poner un aviso que dijese “Hombre desocupado busca mujer que lo quiera y mantenga” y, se caga de risa de todo.

También hablamos sobre nada y en esa nada discurrieron dios y nuestro laburo. Nos hizo una pregunta simple: ¿cuál es la diferencia entre un analista informático, un programador, un ingeniero informático y un hacker? No supimos responderle con exactitud, pero seguimos hablando. Diseño editorial, redes sociales, páginas web; toda la bola. Del otro, lado minería, comercios y un título como técnico en explosivos. Y un silencio grande como una duda.

– Es que eso de la informática cambia al mundo, ¿ha vito?
– Sí, todo pasa por una red ahora.
– Por eso un primo mío está ganando plata a lo loco, ¿ha vito? No para de arreglar computadoras y hacer guita.
– Un capo.
– Me dijo que me enseñaba pero no pude.
– Si no te gusta no te gusta.
- Yo no quería… además todo es peligroso.
- ¿Cómo?
- Eso de la piratería, ¿ha vito? Un poco atenta contra Dios.
- ¿Cómo?
- Claro, porque es como robar.
- ¿Cómo?
- Porque es algo que no tenés y ahora te lo bajaste sin permiso, ¿ha vito?

Solo pude responder cambiando de tema. Pienso. Pienso. Sigo la charla, el resto es un borrón porque de fondo me queda esa hilacha para tirar y tres provincias después tiro de ella. Un hilo que me dice “no, no, no”.

Jesús multiplicó los panes y los peces. Eureka. Jesús pirateó comida. ¿Y la música? ¿Y los libros? ¿Qué pasa con las biblias que te regalan? El tema de la naturaleza y los derechos de autor, como si nuestra naturaleza no fuese cultural. ¿Y si los multiplicaba adentro de la panadería? ¿Se vendían o se regalaban? Y los peces… ¿se piratean o se venden con más margen de ganancia?

¿Qué hacemos con las descargas, Jesús querido que estás en el cielo? ¿Qué cultura se piratea y cuál no? ¿Cuál es la cultura que hace tan bien que es como comer pan y peces?

 

2 Comentarios

  1. nos vemos mañana
    besos

  2. Alejinho Du Yaneiro

    2 mayo, 2015 at 3:20 am

    Hola PaPUAAAAAAAA!

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