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Hay pausas. Hay pausas de minutos y hay pausas de días.

Nuestros días en Ushuaia se sienten como una pausa y la vida es eso que sucede entre pausa y pausa. O la pausa es eso que sucede entre la vida y la vida. La pausa es eso que también es vida. X tal que x.
Subimos a un glaciar, pero estamos hablando de las pausas. Estamos hablando de sumergirse en un rato de calma.
Primera pausa. La gambas te tiran como masticar alambre, pero la diferencia está en la pausa. Pudimos haber subido mirando hacia atrás, y la verdad es que a mitad de camino ya teníamos un camino suficiente. Arriba, igual, había un glaciar esperando desde el deshielo.
En toda la subida nos acompañaron ríachos de deshielo.
Segunda pausa. Tomar aire. Relajarse. Tomar envión.
Llegar. Pausa.
El aire frío, a mil metros de altura. La altura a mil metros de frío.
Pausar la cabeza.
Ushuaia es un remanso antes de la 40. Es un vértice que une nuestras ruta 3 y 40. Es frenar después de trabajar la primera parte. Es bajar habiendo bajado.
El sur… arbitrariamente abajo.