Se esconden, del viento se esconden. Te miran, te olfatean. Algunos están al costado de la ruta, hechos un bollo.

Otro son más pillos, hábiles en el arte del calor, y se esconden debajo de los motores. Del viento, del viento, huyen del viento. Más al norte, más acostados, más tranquilos, relajados. Y al sur, más pelo y más “me acerco por el mimo y la coca”. Uno chiquito nos siguió en El Bolsón. Tamaño chico y edad chica: cachorro, muy cercano a cacharro. Estropeado, flaco, divino, caminando a nuestro paso, eso, claro, hasta que otro más lo acarició. Tan lindo que nos hizo dudar de llevárnoslo en la camioneta.

De todos tengo los dedos con las huellas, ahí, vivas. Se mezclan, como en un remolino de pelos y formas de hocicos. Los tenés en el mar, cerca de Las Grutas, en todas partes, pero la memoria, como las olas, se va y viene. Los perros se van, dejan una huella. Son tantos detalles que sedimentan algo al fondo de todo. Tengo una sensación como de amistad fugaz con todos los perros. Te miran, se cruzan. Los más pillos te juegan cada mañana o cada noche. Tienen el olor a polvo y a agua seca. Trato, pero no lo documenté, pero ¿qué es documentar? Mientras documentás, el recuerdo de tus manos es el de una lapicera, no el de un perro. No hay distancia en la caricia, aunque a nadie le interesa la caricia ajena, solo su documentación. Ahora, acá, solo son interesantes los perros, sus vueltas, sus pelos, sus mimos, sus cabezas triangulares o cúbicas. Pero fueron tantos perros en lo que va del viaje que hicieron manada y se fueron a recorrer mi memoria. Y lo que hay es su halo, lejano, como saber que están olfateando por ahí.

Los rayos cósmicos son partículas que atraviesan la Tierra. Son menores a un átomo, fragmentos de los mismos, son protones o neutrones que caen a la Tierra. Nos atraviesan aunque no nos demos cuenta, porque es imposible. Se los puede detectar por el haz de luz mínimo que generan al golpear con los átomos de la atmósfera y del agua en barriles. Eso lo aprendí en Malargüe, donde también conocí perros de los que me acuerdo que les pegaba el sol. Como a los rayos cósmicos, a algunos momentos podemos evocarlos por las sensaciones que evocan, no hay una imagen más que algunos trazos, ligeros cambios de humor o impresiones lejanas. “Sé por esta sensación que hubo un perro que me hizo una mueca en el pasto”.