9 espejos
se alinean.
He ahí la piel
de un dios ameno,
que nos devuelve,
a imagen y semejanza,
nuestro reflejo
errado.
Virado.
Es la curvatura de su piel
la que hace que nuestros ojos
se eviten en el reflejo.
Nuestra imagen y semejanza.
Y así nos volvimos intocables
incluso para nosotros mismos.
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